Según diferentes cifras de estadísticas el cristianismo sigue siendo la religión mayoritaria a nivel de la población mundial, con alrededor del 31%, y le sigue la religión musulmana con un 25%. Estos datos se consideran bajo el paraguas del cristianismo, donde abajo podemos contar diferentes denominaciones como católicos romanos, protestantes, ortodoxos, anglicanos, pentecostales, iglesias independientes, etc.
Entre 2010 y 2020 Africa subsahariana, Asia Oriental y el Sudeste Asiático han experimentando un crecimiento de fe poderoso a pesar de la persecución. La alta natalidad, distintos movimientos carismáticos, y diferentes esfuerzos de agencias misioneras en el mundo ha causado un avance significativo en esta parte del mundo como nunca antes habia sucedido.
Por otro lado, en Europa y América latina se observó una disminución, esta disminución se debe a la baja natalidad, el secularismo y los cambios en la afiliación religiosa.
El punto de las cifras es poder ver que el cristianismo crece de manera diferente a lo largo de la historia, en los primeros siglos los países que abrazaron la fe, hoy son considerados hasta post cristianos, y los que nunca les fue expuesto el evangelio, hoy tienen un crecimiento sin precedente.
Se espera que en Africa subsahariana más de cuatro de cada diez cristianos en el mundo vivan en esta región para 2060 y que China podría convertirse en el país con el mayor número de cristianos del mundo para 2030 superando a Estados Unidos y Brasil, a pesar del control del gobierno.
Todo esto son números de diferentes estadistas, pero detrás de estas cifras porcentuales, hay personas como tu y como yo con la misma condición espiritual y las misma necesidad de salvación: el evangelio de Jesucristo.
Un mensaje, un Hombre
Pero cuál es la raíz de todos estos cambios en el mundo, una persona, Jesús de Nazaret, un hombre judío que vivió en la palestina del primer siglo, y que hoy, la realidad nos muestra claramente y sin objeción que ha transformado al mundo entero.
«En países occidentales se han dado cuenta que la táctica que el imperio romano usó contra los primeros cristianos no es útil, porque los sufridos mártires al final inspiraron a muchos a seguir la esperanza que hay en Cristo».
Personas a lo largo de la historia han muerto por su fe, hoy muchos sufren persecución y maltrato por parte de sus gobiernos comunistas debido a confesar su cristianismo. En países occidentales se han dado cuenta que la táctica que el imperio romano usó contra los primeros cristianos no es útil, porque los sufridos mártires al final inspiraron a muchos a seguir la esperanza que hay en Cristo, de ahí que estos países usan métodos más sutiles como leyes diamantes, que suenan muy bien para la sociedad, pero al final minan los valores morales, familiares y sobretodo los principios bíblicos.
No importa de que continente seamos, que cultura tengamos o que creamos, todos tenemos la misma maldición, el pecado en cada esfera de nuestra vida y el mismo fin, la muerte que aguarda por nosotros. Es por ello que, pescadores, mártires, agencias misioneras y diferentes hombres y mujeres han proclamado el evangelio para la salvación de las almas.
Jesús dijo: «Yo soy la verdad, el camino y la vida, nadie puede venir al Padre, sino por mi». Juan 14:6
El evangelio en términos simples significa una «buena noticia», esto es cierto pero muchas veces olvidamos cuál es el contenido de esta gran noticia, ya que el poder de esta noticia no esta en la palabra «buena», que para muchos nos suena (valga la redundancia) buena. El poder esta en que el evangelio habla de quién es Cristo y que hizo Cristo en favor de su pueblo.
Quién es Cristo y qué hizo Cristo
El evangelio es tan grande porque habla de la persona más excelsa que el mundo pudo contemplar (Juan 1:1-14). Podemos hablar mucho del evangelio, y de hecho se nos ha dado una vida eterna para terminar de conocer a Cristo (Juan 17:3), pero de nuevo, lo mínimo que debemos de tener en nuestras mentes es que el evangelio habla de la persona y obra de Cristo en favor de su pueblo.
Jesús nació a través de una virgen, hizo múltiples milagros, y dio su propia vida para volverla a tomar al tercer día, como diría el gran puritano John Owen, «Jesus dio muerte a la muerte con su muerte». Esto obviamente para el 31% de la población mundial lo creemos por la fe, pero para muchos otros, esto es un disparate, una adulteración de las Escrituras, cuentos de hadas o un mensaje de un movimiento inescrupuloso para dominar al mundo, o en términos más coloquiales, un mensaje de un grupo de anticuados que busca enseñar a otros como se debe de vivir.
No obstante, la fe bíblica y la vida y obra de Cristo se resume en si es verdad o no lo que Jesús dijo de sí mismo. Si el era Hijo de Dios y Dios el Hijo ¿cómo no va ha ser posible que haya caminado por las aguas, expulsado demonios, y resucitado al tercer día? Como diría J. I. Packer, todo se resume en que si Cristo es o no divino.
Muchos han referido a Jesús como un buen maestro, o como un gran profeta, pero nada de esto puede ser cierto debido de que Jesús dijo cosas muy por encima de lo que dijo Buda, Mahoma o el mismo Juan el bautista de sí mismo. El dijo cosas como: «el que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan 14:9), “Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:30), “Tus pecados te son perdonados.” (Mc.2:5-7), “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas.” (Juan 8:12), “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt.28:20), «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58).
La expresión “Yo soy” que Jesús usa en Juan 8:58 se traduce del griego ἐγώ εἰμι (egō eimi). Pero lo interesante es que tiene un fondo hebreo muy profundo. En el Antiguo Testamento, Dios se revela a Moisés como “Yo soy el que soy” (Ehyeh Asher Ehyeh, אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה) en Éxodo 3:14.
Cuando la Biblia se tradujo al griego (Septuaginta), los traductores usaron ἐγώ εἰμι para reflejar “Yo soy”, el equivalente del hebreo. En Juan 8:58, Jesús usa ἐγώ εἰμι para identificarse directamente con Dios, evocando el nombre sagrado sin decir literalmente el hebreo.
Así que, Jesús no solo usa “yo soy” en sentido común, sino que hace eco del nombre divino de Dios, declarando su eternidad y divinidad. Muchos teólogos dicen que cuando Jesús dice “antes que Abraham fuese, yo soy”, no está hablando solo de existencia, sino revelando su identidad como Dios mismo.
Nadie en el mundo, ni el más pretensioso líder ha dicho: «Yo soy el que soy». Muchos han osado ser como un dios en el mundo, pero todos al final han pasado, imperios, gobiernos, reyes, presidentes y portentosos lideres políticos y religiosos han pasado pero Jesús no lo ha hecho, porque dijo claramente: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35).
Jesús nació por medio de una virgen, creció en sabiduría y aprendió obediencia (Heb.5:8) y padeció como cualquier hombre (Hebreos 2:14), puesto que fue cien por ciento hombre. Fue tentado en todo, pero sin pecado (Heb. 4:15). Fue el único que pudo experimentar realmente el dolor de la tentación, porque la pudo soportar completamente. Ningún ser humano ha podido experimentarlo porque caemos en nuestra debilidad ante las tentaciones, pero Jesús se mantuvo fiel incluso frente al mismo Acusador (Mt.4:4).
Jesús no era un super hombre, ni tampoco una cosa extraña como un dioshombre, sino fue Dios y hombre, cien por ciento divino, cien por ciento humano. Como Pablo dijo:
“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).
Un mensaje de vida
Basta ser sinceros con nosotros mismos para confesar que no existe nadie bueno en este mundo, quizás nuestra madre no lo sabe, nuestro mejor amigo tampoco, ni mucho menos nuestro cónyuge conoce las cosas malas que hemos hecho o pensado hacer si tuviéramos la oportunidad.
El mundo esta diseñado para hacernos creer que somos imperfectos y que eso esta bien, total todos lo somos, pero la Biblia dice que somos malos y que no hay justo, ni siquiera uno (Rom.3:10-12). Cuando hacemos scroll en Instagram nuestros ojos se vuelven brillantes por la satisfacción que esto nos produce, pero cuando abrimos la Biblia nuestros ojos caen se caen por el sueño que nos provoca, ¿por que sucede esto? El gran apóstol Pablo dice: «Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí» (Rom.7:21).
Cuando hacemos algo tan trivial como malgastar el tiempo en alguna red social sacamos tiempo y energía para derrochar, pero cuando deseamos hacer lo bueno, como orar, leer la Biblia, o asumir el rol de un padre y una madre presente en la crianza de nuestros hijos nos cuesta demasiado. Esto es porque el mal esta en nosotros, este mal no es solo de conducta, sino una maldición que nos lleva hacia la muerte eterna.
El mundo independientemente de su estrato social desea estar bien, pero nunca lo va a lograr si su pecado no es extirpado. Precisamente para esto vino Jesús, 1 Juan 2:8 dice: «El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo».
Todos somos culpables de pecado, y si Dios es justo debe darnos justicia, esto es el castigo perpetuo (Ro.6:23), pero Jesús vino para darnos salvación de la ira de Dios, esto no se obtiene por medio de hacer buenas obras (Ef.2:8), sino por medio de la fe. Jesús dijo: yo soy el pan de vida, en un sentido podemos decir que si comemos a Cristo por la fe, pasamos de muertos espirituales a vivos espirituales.
El cristianismo es la única religión que enseña una salvación por gracia, no por obras. Según la Biblia, la salvación es un regalo gratuito de Dios a través de la fe en Jesucristo:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9
El cristiano cree que no puede ganarse el cielo, sino que Cristo pagó completamente el precio del pecado en la cruz, y que solo la fe en Él reconcilia al ser humano con Dios.
El islam enseña que la salvación depende principalmente de las obras y la obediencia a Alá. Un musulmán cree que será juzgado según sus buenas y malas acciones, que se pondrán en una balanza el Día del Juicio. Para alcanzar el paraíso, debe cumplir los cinco pilares del islam: La oración diaria (salat), la profesión de fe (shahada), El ayuno durante el Ramadán (sawm), La limosna a los pobres (zakat), La peregrinación a La Meca (hajj).
Aun así, el musulmán vive con cierta incertidumbre, pues solo Alá decide finalmente si lo acepta o no. No hay una redención plena por gracia, sino un sistema basado en mérito y sumisión.
Por otro lado, los Testigos de Jehová enseñan que la salvación requiere fe en Cristo, pero también obediencia estricta a la organización y buenas obras continuas. Creen que: Solo 144,000 personas irán al cielo con Cristo, el resto de los fieles vivirán para siempre en una Tierra restaurada (el “paraíso terrenal”), la salvación se mantiene mediante la predicación, asistencia a reuniones, y obediencia a las normas de la organización.
En su sistema, la gracia no es suficiente por sí sola: las obras y la lealtad organizacional son necesarias.
Así pudiéramos seguir con cada religión, pero espero que no se me mal entienda, pues aunque la fe bíblica no es por obras, si es para buenas obras (Ef.2:9-10). Puesto como diría Esdras:
“Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, ¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones?” Esdras 9:13-14
El mensaje más transformador
Y es que no hay mensaje más transformador que el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, quien se encarnó por medio de una virgen, vivió santamente, murió en una cruz, resucitó al tercer día y ahora esta sentado a la diestra del Padre por los siglo de los siglos (1 Tim.3:16). No importa cuantos países y movimientos quieran prohibir la Biblia, cuantos quieran minar por medio de leyes diabólicas la fe evangélica, más tarde que temprano las puertas de la muerte caerán pues ya no podrán soportar más la vida abundante de los hijos de Dios que vienen a los pies de aquel que murió y resucito por ellos.
El evangelio es la fuente, la herramienta y el propósito final de la iglesia. Es por medio del evangelio que la Iglesia es fundada, es por el evangelio que la iglesia es preservada y es por el evangelio que cumple su misión para que un día todos los santos redimidos de todas las épocas alabemos al Señor de la gloria de manera perfecta y genuina porque la cruz de Cristo fue eficaz para dar identidad y una vida con propósito eterno.
Por último, es mi oración que este escrito, aunque imperfecto, anime a todo aquel que lo lea a creer en Cristo y a proclamar a su Salvador. Iglesia, ¡ánimo! Somos pecadores, sí, pero pecadores redimidos. No lo olvidemos jamás, y vivamos cada día en profunda gratitud y obediencia hacia nuestro gran Dios.



